lunes, 3 de diciembre de 2007

RECONSTRUYENDO VIDAS

Más que mediaguas


RECONSTRUYENDO VIDAS


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Maria José Irribarren Turis

Apenas han trascurrido tres semanas del terremoto y Antofagasta sigue como si nada hubiese sucedido, pareciera que las huellas del 14 de noviembre fuera solo un mal recuerdo pero la verdad es que en Tocopilla, Maria Elena y Quillagua todavía se vive la devastación que de los 7,7 grados Richter de los 40 segundos que los azotaron.

Esto lo tiene muy claro Daniela Ortega, estudiante de matemáticas en la UCN, quien disfruta de los lujos cotidianos que nos da la normalidad, pero a pesar de ello, no olvida la catástrofe que vien Tocopilla cuando fue a construir media aguas a los damnificados con el grupo de la Pastoral y el Techo para Chile.

Daniela tiene 21 años y es oriunda de Santiago, pero hace tres que vive en Antofagasta desde que estudia matemáticas en la UCN, siempre ha tenido una vocación por el servicio social, así que apenas se enteró que la universidad enviaria un contigente de voluntarios para ayudar a Tocopilla tras el terremoto, no dudò en armar su mochila y partir a la zona de catástrofe para construir mediaguas.

Los voluntarios partieron el 16 de noviembre, fue un dìa caótico recuerda Daniela, “me levanté a las seis de la mañana con un nudo en el estómago de puro nervio y ansiedad de partir al voluntariado”, ahi les avisaron que irián a Quillagua, el epicentro del terremoto. "Lástima que solo estuvimos un par de horas en la localidad por que nos informaron que el contingente de voluntarios que había era suficiente para construir las siete mediaguas que el pueblo requería”, agrega Daniela.

“Teníamos que ir a Tocopilla donde se necesitaba mas ayuda, así que mientras esperábamos la partida, salimos a conocer Quillagua”, relata Daniela, a ello agregó que el calor era infernal, pero como es un pueblo pequeño, no fue preciso caminar mucho para llegar a la plaza, destaca que estaba todo desierto y desolado excepto por una casa de adobe verde, donde había una señora de edad sentada junto a la puerta de entrada y un caballero que sacaba escombros desde el interior. apenas vio eso se acercó a conversar con ella.

La anciana la recibió con una amplia sonrisa e imediatamente se presentó como Marta, de 80 años, nacida y criada en Quillagua, le relató que cuando fue el terremoto "estaba esperando la llamada de la hija en el teléfono público (el único del lugar) a las afueras del pueblo, menos mal que justo había un joven que estaba ahí que me afirmó para que no me cayera", a ello agregó con mirada triste "no quiero que esto vuelva a suceder nunca más”, el impacto de ver su mirada de desesperación y desamparo, es algo que las palabras no pueden expresar a cabalidad”, afirma la voluntaria con un tono triste.

Cuando el bus llegó a Tocopilla, "el paisaje que vimos por las ventanas fue devastador, sobre todo ver a todas esas personas durmiendo en carpas, las filas enormes para conseguir provisiones y las casas con mensajes como “94 años de esfuerzo en el suelo” o “arriba Tocopilla” u otros más osados que lanzaban dardos contra el gobierno central, solicitando ayuda urgente ,ahí todos se dieron cuenta de la real magnitud de terremoto", recuerda la estudiante.

La noche del viernes sólo fue para instalarse, luego los voluntarios fueron al estadio para una capacitación "Express" en construcción de mediaguas, entonces los encargados del Techo para Chile informaron que el sábado el grupo se dividirá en cuadrillas para erigir las mediaguas en la población La Patria, uno de los sectores más pobres de Tocopilla que sufrió los mayores daños en la infraestructura de los hogares, donde se construirían 15 mediaguas para comenzar

A pesar de que el terreno designado para construir en La Patria estaba en buenas condiciones, "edificar las mediaguas no era una tarea sencilla, porque ello significaba estar construyendo un hogar para los que habían perdido todo, entonces el trabajo tenía que ser de excelencia" dijo daniela ,por lo que se estuvo todo el día tirando paladas de arena, piedra y tierra para nivelar el suelo y darle una base firme a la casa, el trabajo fue arduo hasta que llegaron los soldados del Ejército de Chile. “los militares trabajaban como maquinitas humanas, organizados y metódicos, lo cual les permitió construir mas rápido que nosotros, de hecho sin la ayuda de los soldados no habríamos podido terminar de construir ese día”, afirma Daniela.

Todo el cansancio del trabajo físico y la exposición constante al sol de Tocopilla fue recompensado cuando finalizó la construcción de la casa y se la entregaron a la emocionada señora que no tenia palabras para expresar su agradecimiento por la ayuda realizada, recuerda Daniela con alegria, “con eso sentí que todo había valido la pena, después del arduo trabajo del día, recibir una sonrisa lo justifica todo", agregó.

La estudiante se alista para volver a su rutina diaria, la misma que tenia antes del terremoto, por ahora anhela acabar el año académico para regresar a Tocopilla y construir mas mediaguas, “no lo hago por un acto de altruismo, siento que lo que yo di en esos tres días de voluntariado fue retribuido con creces, por eso creo que es simplemente tratar de aportar en algo a Tocopilla, que necesita de muchas manos para volver a ponerse de pie y surgir de las cenizas como un ave Fénix, que renace para volar”, dice con un tono esperanzador Daniela, mientras se prepara para ir a la universidad.


En las buenas y en las malas, siempre comerciantes

En las buenas y en las malas comerciantes , pareciera ser el lema de los vendedores en Tocopilla quienes tras el feroz terremoto que azotó a la región elevaron casi por las nubes los precios de sus productos dejando sin opción a la gente de bajos recursos.

Por: Dominique Lafoy S.

El olor a tragedia invade Tocopilla y la señora Sonia (60) recorre los caminos de tierra y escombros que ha dejado el terremoto, su situación económica no es la mejor y como muchos de los que habitan el pueblo el dinero que gana en las faenas no es suficiente para todo el mes.

Sigue caminando mientras patea pedazos de ventanas y de techos de las casas aledañas a la suya , la que también sufrió daños irreparables ya que el interior de la casa se derrumbo completamente, saca su monedero y comienza a contar la plata “ ya ni me alcanza pal pan” dice mientras las chauchas suenan como lo harían al caer en el tarro de un mendigo y es asì precisamente como se siente René Andrade(58) que ha tenido que juntar literalmente cada peso que encuentra para poder alimentar a su familia “ las cosas van de mal en peor aquí en toco, si pareciera que diosito nos hubiera hachado una maldición” comenta mientras agacha la cabeza para prender un cigarrillo , uno de los pocos que le quedan , pues ya no hay mas mercadería en los negocios ni en los supermercados y la que queda es robada en la noche o a pleno luz del día por los mismo pobladores quienes luego la revenden aun valor mucho mas alto en los negocios o en la misma calle .

Sonia llega a un negocio , es un negocio azul de madera, un kiosquito antiguo que tuvo la suerte de quedar en pie y donde los precios no son en ningún caso una gran oferta si no mas bien una desoferta casi tres veces mas del valor real del articulo , nada tentador para una mujer como Sonia o para un padre de familia como Andrés, pero hay que comer y ya suficiente han tenido perdiendo su casa su dignidad sus pertenencias como para perder la salud de sus seres queridos, aunque Sonia se molesta y dice que le da rabia saber que la gente se aprovecha del momento ,”todas las personas de acá son gente humilde y muchos lo perdieron todo realmente no entiendo como puede haber gente tan mala , que suban tanto los precios cuando saben que uno tiene que comer”.

Y es cierto , si bien la ayuda entregada en la ciudad ha sido bastante aun no es suficiente y los comerciantes han sabido aprovechar muy bien la situación elevando de manera descomunal los precios de los recursos necesarios para la subsistencia de los tocopillanos lo que cada vez trae mas problemas tanto a Sonia como Andrés , el que ahora se fuma su cuarto y ultimo cigarrillo mientras trata de negociar un cajetilla de Belmont rojo que intentan venderle al doble casi 2.500 pesos , el regatea con unos chicos que no superan la mayoría de edad y que según le cuentan se han “pelado” esas cajetillas del supermercado, pero al final acepta y es que la situación sin alguna anestesia se vuelve tediosa e insoportable por lo que cualquier cosa que pueda ayudar a sobrellevarla es bienvenida.
UN NORTE QUE SE NIEGA A MORIR

A pesar de las adversidades; de vivir en el desierto más árido del mundo, en un país donde la desigualdad económica y la centralización de los recursos forman parte de la cotidianidad, y donde cada cierto tiempo la naturaleza sorprende con movimientos que destruyen el esfuerzo de años de trabajo, los habitantes de las ciudades del norte de chile no pierden las esperanzas y al igual que sus antepasados “los pampinos del Salitre” mantienen la lucha firme en busca de un futuro auspicioso y una mejor calidad de vida.

Por: Elizabeth Vaca Carmona


Tocopilla por años fue la ciudad con mayor actividad económica del norte de Chile, el auge del salitre y la llegada de capital extranjero, atrajo a miles de chilenos que llegaron desde distintas regiones para erradicarce en el lugar y en distintas oficinas cercanas. Hoy la realidad es muy distinta, ya que esta es una de las ciudades más pobres del país, y el terremoto que afectó en los últimos días al norte de Chile, dejó a miles de familias sin hogar, sin trabajo y bajo una angustiante incertidumbre económica

Son las 12:30 hrs. y Manuel Acuña (38) tocopillano de nacimiento y padre de 4 hijos, acaba de llegar de la junta de vecinos de la Población Padre Hurtado, donde consiguió una caja con víveres para su familia, después de haber esperado 4 horas en una fila. Los alimentos por estos días en Tocopilla son un bien muy preciado. Después del terremoto de 7,8 grados, la mayoría de las familias de la nortina ciudad, enfrentan una difícil situación, perdieron sus humildes hogares, los que quedaron inhabitables o totalmente destruidos, no cuentan con una fuente de trabajo estable y los que trabajan son mal remunerados, y como si fuera poco los elementos de necesidad básica como agua, productos de aseo y sobre todo los alimentos, escasean en la ciudad y en los pocos lugares donde se pueden encontrar los venden a precios que los hacen inaccesibles.

Han pasado 10 días después del terremoto, tiempo en el que la familia de Manuel ha dormido en una carpa, al frente de lo que fue su casa. Margarita Calderón (37), esposa de Manuel, ordena dentro de unas cajas, la ropa de sus hijos que hace un rato le trajeron unos voluntarios del Hogar de Cristo, lava algunas ollas para preparar el almuerzo, mientras Manuel intenta encender un improvisado brasero con algunos trozos de madera. Con mucha nostalgia, ve como la madera por fin se enciende, comenta que con mucho esfuerzo construyó su casa, “yo la hice con mis propias manos” confiesa. Durante mucho tiempo juntó los materiales para poder terminarla, entre ellos los palos (madera) que hoy le sirven como leña para poder cocinarle a su familia.

Manuel y Margarita son hijos de trabajadores del salitre, ambos nacieron en Tocopilla, ninguno de ellos terminó la enseñanza básica. Margarita se a dedicado a la crianza de sus hijos, de entre 16 y 4 años, mientras que Manuel a trabajado toda su vida en el mar, en sus inicios en Tocopilla, pero la sobreexplotación de los productos marinos en este lugar lo obligó desde hace algún tiempo a desempeñar su oficio fuera de la ciudad, en una de las caletas que se encuentra camino a Iquique. Cada día se levantaba a las 3:30hrs de la madrugada, caminaba media hora desde su casa hasta la carretera, y esperaba que algún conductor lo llevara o acercara a la caleta en donde trabajaba.

El terremoto no solo destruyó la casa de Manuel, también lo dejo sin trabajo ya que la ruta que une Tocopilla con Iquique resultó con daños estructurales, motivo por el cual fue cerrada como mínimo por tres meses. Así como los Acuña Calderón, son muchas las familias de Tocopilla que después del terremoto perdieron sus fuentes laborales, lo que no les permite optar a mayores aspiraciones económicas o mejorar su calidad de vida.

A pesar de los desafíos que enfrentan estos tocopillanos, pretenden seguir luchando con más fuerzas y esperanzas que nunca. Margarita ordena la mesa para sentarse a comer y llama sus hijos menores que juegan con otros niños, mientras Manuel aconseja a Samuel (su hijo mayor) el escucha con atención a su padre que le pide que no cometa los mismo errores que el en su vida, con una voz temblorosa y la emoción que se torna evidente, le pide que estudie mucho, que por ningún motivo se le ocurra dejar los estudios, que no se preocupe por la comida que de alguna manera el se las arreglara para conseguirla, que el es el hermano mayor y tiene que ser un profesional porque si algún día ellos ya no están, tendrá que sacar a sus hermanitos adelante, y luchar siempre por ser buenas personas y en lo posible tener una vida mejor.

Cuando los momentos difíciles se transforman en la unión de la sociedad.

Uno para todos y todos para uno.

Cuando los momentos difíciles se transforman en la unión de la sociedad.

Si las personas tuvieran mas valores y compromiso con su propio ser talvez viviríamos en una sociedad distinta a la actual.

Por : Romina Condorcett

Pasada las cuatro de la tarde llega Cristian Torres de 26 años de edad, a la casa de Eduardo, a esa hora, y de improviso, viene sudado y con señales de nerviosismo, claramente llamo la atención de su amigo quien al abrirle la puerta le pregunto si estaba bien, Cristian asintiendo con la cabeza le hace señal de su buen estado, aunque por dentro no estuviese bien, por primera vez tendría que asumir un gran desafió para el, que es el dar las condolencias por la fatal muerte de la pequeña hija de su amigo y profesor Eduardo Verdejo, Camila A.Verdejo.C, quien el día domingo cuando salía en dirección a ver a su pololo fue atropellada y arrastrada varios metros, por un automóvil conducido por un hombre en estado de ebriedad.

Claudio se toma su tiempo antes de poder decir cualquier palabra errónea, observo primero el estado de animo de su amigo y dedujo que el no estaba preparado para vivir esta situación, pero que por su naturaleza estaba destinado a mantener la calma y paz que caracterizaba su personalidad, a pesar de que la situación lo superara.

Como es costumbre dar el apoyo suficiente y empalizar con el sufrimiento ajeno en estas ocasiones, se dirige en primera instancia hacia su amigo, y mirándolo a los ojos

Dice “lo siento de todo corazón” seguido de un abrazo con mucho afecto, luego lentamente se separa de Eduardo y un silencio se apodera de los dos, la situación es tan dolorosa e insostenible que lentamente cae por su mejilla una débil y pequeña lagrima.

Así las cosas, con el pasar de los minutos fue tomando mas normalidad, y las palabras salen con total naturalidad y cierto temor a la vez, Cristian conversa con Eduardo, y le da a conocer que “apenas mis amigos me dieron a conocer la fatal noticia a traves del Messenger (msn) no pensé en nada mas que venir a visitarlo, y lamento todo lo sucedido”, pero Eduardo se ve tranquilo y le comenta “ no tengo rencor ni busco venganza, lo único que quiero es que no se vuelvan a escuchar mas accidentes como este” comentario que mas adelante dará a conocer en una entrevista, para el diario El Mercurio.

Cuarenta minutos desde la llegada inesperada a la casa de Eduardo, Cristian decide retirase, ya con un alivio notorio dentro de su corazón, luego de ya haber terminado su propósito, se dispone a despedirse de su amigo, simplemente le da la mano, como un gesto lo mas noble y sencillo pero que para Eduardo significo mucho, y sutilmente le dice “gracias”, da la vuelta y sale por la puerta principal.

Se traslada lentamente por Av. Argentina lugar en donde ocurrió el fatal accidente y piensa “como habrá sido su vida futura, como es posible que gente tan joven y buena pueda de un momento a otro irse” y luego camino en silencio hasta llegar a su departamento.

Cruza por su mente la idea de poder entregar un mensaje que vaya mas allá de hacer saber la situación por la que están pasando, entonces aparece la posibilidad de poder movilizar a personas para que marchen por Camila, y que de algún modo haga un llamado a las autoridades y la sociedad a tener mas cuidado y protegerse, busca entonces las posibilidades y gente que apoye esta idea, que recién será planteada a Eduardo y que esperan la aceptación y apoyo por parte de el.

Perros perdidos bajan el cerro


Amenaza Antofagastina

Perros perdidos bajan el cerro

Conocidos años atrás, por matar cuanto animal entrara al cerro, ahora cada vez se encuentran más cerca de la comunidad.

Por Geraldine Thenoux


Ya son varias las quejas por parte de la mayoría de los vecinos del sector cercano a la plaza de arriba del barrio residencial jardines del sur en la ciudad de Antofagasta por la presencia de los “perros perdidos”, caninos que vivían anteriormente en las oscuridades de los cerros alimentándose de cualquier cosa que por ahí pasara, conocidos por su agresividad, llegaron hace un par de años a instalarse en la plaza de juegos del sector, privatizando de esta forma la tranquilidad de tantos infantes que deben salir con extremo cuidado a la calle.

Son seis y su territorio cuenta con todo el sector alto de jardines del Sur hasta el cerro, miran perdido y son alimentados por “ la dama de los perros” sobrenombre puesto por la gente del sector a una mujer mayor bastante estrafalaria, de pelo negro y anteojos grandes que se pasea en un mercedes con sus amigos de la edad y sus perros “ toy” en la parte trasera del auto, “parecen juguetes, da la sensación de que fueran de mentira”, acota la señora Gloria Ibacache, asesora del hogar que transita por el sector camino a su casa.

Además, agrega que esta mujer llegó a vivir hace un par de años a la casa que pertenecía anteriormente a Bruce Tuner, ex presidente de minera escondida, ubicada al frente del parque, una casona que tiene calle propia donde se instalan estos caninos observando a todo el que pasa.

Don Andrés, jardinero del sector relata que “ esta señora les da alimento, es por eso que se encuentran siempre a las afueras de su casa vigilando a cualquiera que se acerque, se ganó guardia gratis” , recalcó con una leve sonrisa, ya que le parece un poco tenebrosa la situación, aunque los perros parecen no molestarle, también le preocupa la situación ya que acentúa que “ a veces se ponen bastante agresivos, en especial si no se les da comida constante”.
Al parque llegan un montón de infantes con sus respectivas cuidadoras, las cuales quedan mirando a los perros con una expresión de espanto, se pueden observar todos en hilera mirando hacia el parque expectantes de que alguien cruce o algo pase, oliendo el miedo a metros de distancia, inspirando desconfianza y temor a cada uno de los transeúntes que pasan cerca para bajar por las escaleras que se encuentran a un costado de la pequeña calle que da hacia las rejas de entrada de la casona.

El estigma de vivir en un hogar de acogida

Abandono, reinserciones y los pasos de hogar en hogar de muchas adolescentes

El estigma de vivir en un hogar de acogida

La sociedad los quiere ayudar y los ayuda, pero para ellos no es un real aporte que les contribuya a salir del estigma de ser niños S.O.S., aunque muchos tienen las ganas de por fin, salir al mundo real.

Por Paulina Contador

Un pasillo amplio, al abrir la puerta un rayo de sol lo ilumina mostrando las paredes recién pintadas de color mostaza, y el olor a pintura fresca con colonia de guagua penetra en la nariz al entrar. Se oyen voces al final del pasillo, risas adolescentes, una canción de reggeton, y más de alguna voz cantándola.

La tía Patty, como todas la llaman, trabaja hace más de diez años en el Hogar Familiar “Ana Cruchaga”, dependiente del Hogar de Cristo. Este centro esta dedicado a la integración social y ayuda solidaria a niñas entre 14 a 18 años. “Aquí todas tienen su propio espacio, es como si fuéramos una familia, pero más numerosas y puras mujeres” (sic), comenta la tía Patty.

La mayor de todas las adolescentes que allí vive, es Alejandra, está próxima a cumplir sus 18 años. Acaba de salir de cuarto medio, y tendrá que entrar al mundo laboral; y lo peor, tendrá que irse del hogar. Vive desde los 14 años en el hogar familiar, más pequeña paso por distintas instituciones S.O.S. Nunca conoció a sus papás, sólo a su abuela paterna que suele visitarla los fines de semana llevándole ropa, algún dulce o accesorios de aseo. “Tengo miedo de irme, no conozco lo que es estar sola”, dice, mientras ordena su ropa en una pequeña cajonera tapizada de fotos de revistas.

El tener que partir del hogar, produce en Alejandra sentimientos contradictorios. Está aburrida de vivir de los demás y quiere independizarse, ha trabajado de empaquetadora y reponedora de alimentos en varios supermercados de la ciudad; para poder juntar dinero, pero todo se ha tornado cada vez más difícil. “Me da rabia, hay caleta de gente que viene a visitarnos, dejan un par de alimentos y otras cosas y se van, pero nadie realmente ayuda ofreciéndonos trabajo pa’ cuando tengamos que salir de acá” (sic) comenta con molestia. Tiene dos soluciones, pedir que la dejen un tiempo más hasta que encuentre un trabajo más estable o irse a vivir con su abuela paterna.

Mónica Pizarro, asistente social, asegura que la única ayuda que se los privados pueden entregar a estas fundaciones es sólo económico; ya que no le entrega seguridad a ellos que los jóvenes con problemas sociales se encuentren capacitados para desempeñarse en el área laboral, por falta de estudios o simplemente por su condición social.

En la misma pieza se encuentra “la Chica”, como le dicen todas, su nombre real es Lorena; tiene 16 años y vive hace un año en el “Ana Cruchaga”. Después de vivir toda su infancia y parte de su adolescencia en un hogar en donde existía violencia intrafamiliar. No le gusta hablar del tema, es un poco tímida y reservada. “la Chica” y Alejandra entablaron una relación de hermanas desde que se conocieron.”No quiero que se vaya, por qué siento que no la veré más, aunque ella me diga que no va a ser así”, dice casi riéndose.

Pero Alejandra sueña con poder ayudar a todas sus amigas que se encuentran en las mismas condiciones o próximas a salir, y tener que cambiar todo su mundo, al cual se han acostumbrado. Su relación estrecha con Lorena, la hace tener como meta llegar a ser asistente social, y entregar todas las soluciones que ella jamás ha visto.

El reggeton sigue, las risas no se detienen y los sueños de todas estas adolescentes crecen día a día. El olor a pintura quedará impregnado por mucho tiempo más, y el paso de muchas jóvenes con aroma a colonia de guagua no se detendrá, como tampoco lo harán las ganas de ser incluidas en la sociedad.

Sobrevivir con el sueldo mínimo


Los García Pérez

Sobreviviendo a duras penas


Son muchas las familias chilenas que viven con el sueldo mínimo, vivir con un ingreso menor les trae consigo una gran lucha que esta recubierta por más de un obstáculo, dificultades que presionan aun más las necesidades básicas, como alimentación, salud y educación, hasta llegar a complicados temas como la segregación y discriminación que sufren por simplemente ser una familia pobre, son el pan de cada día o mejor dicho son el pan que no tienen cada día las familias chilenas que viven con el sueldo mínimo.

Escrito por Alejandro Francisco Rodríguez S.

Parece que será otro día más en la población Bonilla con Nicolás Tirado, y así es, es un día más para la familia García Pérez, una familia joven compuesta por 6 integrantes, Francisco García Rojas (27) el patriarca y su joven mujer, Pamela Pérez Patiño (25) se suman a la familia sus 4 hijos, las tres estrellitas de papá, como les dice Francisco a sus hijas, Paulina (8), Esperanza (6) y la Antonia (3) y el despertador natural de los García Pérez, el pequeño Raulito de tan solo 1 año y un mes. “La vida no es para nada fácil con lo que gano, la Municipalidad me paga como 140 mil pesos por hacer aseo en la calle Prat y ese es el único sustento con el que contamos por qué mi mujer se preocupa de cuidar a los niños” explico Francisco García.

Los García Pérez fueron padres muy jóvenes, Pamela fue madre a los 17 años Francisco era dos años mayor que ella, se conocían de pequeños y llevaban “pololiando” dos años, Francisco en ese tiempo trabajaba con su padre ayudándolo en su trabajo de “maestro chasquilla”, “mi viejo arreglaba de todo, las hacía de gasfíter y carpintero, el se murió cuando yo tenía 20, la Paulina ya había nacido y no quise seguir trabajando de maestro, no era lo mío”. El panorama para esta pareja joven y con una hija ya no era para nada fácil, Pamela dejo el liceo y no alcanzo a terminarlo y se centro en su hija, Francisco ya había salido del liceo pero nunca pudo acceder a la Universidad, con cuarto medio no se abrían muchas puertas y comenzó a trabajar para la municipalidad “en un comienzo yo no recibía 140 mil pesos, era mucho menos, además con el tiempo la familia fue creciendo y el presupuesto decayó mucho, a veces no nos alcanzaba para nada, tuvimos que pedir a los vecinos o arreglarnos de cualquier forma”. La familia aumento poco a poco se sumaron dos estrellitas más a la familia, la Esperanza y la Antonia.

El periplo de los García Pérez

¿Qué se puede hacer con 144 mil pesos? esta es la pregunta más recurrente de Pamela Pérez, “son 6 bocas que alimentar y cuidar, no es para nada fácil” indica Pamela, dice que la alimentación es bastante repetida pero es para lo único que le alcanza, fideos, arroz, porotos y la infaltable cazuela son plato recurrente en la única mesa que tienen los García Pérez, el pan es otra cosa infaltable pero el problema es que a veces sube mucho, según Pamela “las familias que perciben más ingresos no ven que sea mucho, pero créame que un pan es bastante caro”. La leche es algo muy necesario en la familia, la consiguen en el consultorio pero cuando les hace falta deben conseguirla con algún “alma generosa” dice Pamela, a la hora de cuentas ni hablar, en el gas, la luz y el agua se va gran parte del sueldo, aproximadamente 50 mil pesos. Al momento de que un integrante se enferma la cosa se complica bastante según Pamela, debe llevarlo al consultorio, recuerda cuando se le enfermo la Paulina, “la Pauli tenía 4 años cuando se enfermo del Asma, la lleve al consultorio y me dijeron que tenía que inhalarse, eso fue catastrófico para el ingreso familiar, nos descuadramos mucho, el Pancho tuvo que trabajar de lo que sea esa vez, pero igual salimos adelante, como siempre”.

Los García Pérez viven de allegados en una casa de una tía, la cual no se encuentra en Antofagasta ya que emigro al sur, tiene dos piezas y un baño, “no nos quejamos por lo menos tenemos casa” dice orgullosa Pamela, a su lado sonríe Francisco, la familia sobrevive a duras penas con 144 mil pesos, los cuales son distribuidos entre alimentación, gastos comunes, salud y la educación de su hija mayor, “nunca hemos pasado hambre, pese a que seamos una familia pobre, siempre hemos salidos adelante, juntos como la gran familia que somos, pese a todo somos felices, ya que estamos juntos” explican los García Pérez.

Sin embargo, algo que les pesa mucho es que los han discriminado, “A mi siempre me discriminan creen que por que uno es pobre es delincuente, lo que tienen que entender es que quizás seamos pobres pero somos decentes dentro de todo, además al trabajar de barrendero me han discriminado mucho, la gente me mira como si fuera un condenado o preso, lo que deben saber es que ellos son los ignorantes, mi trabajo es respetable como cualquier otro, no hago nada malo” dijo Francisco. Uno de los grandes temas que trae la pobreza consigo es el de la delincuencia, ya que al no encontrar un trabajo estable recurren a lo más fácil, que es delinquir ya que les traerá instantáneamente un ingreso mucho mayor del que les entrega el sueldo mínimo.

Según la Directora Regional del FOSIS en Antofagasta, Lenka Marngunic, “muchas de las familias de escasos recursos se ven inmersas en la delincuencia, esto es gravísimo ya que no sirve de nada que caigan en eso, en el FOSIS trabajamos día a día para la generación de nuevos trabajos y contribuir en la superación de la pobreza, nuestra meta es resolver problemas de ingresos, mejorar la calidad de vida y ayudar al fortalecimiento de las capacidades y destrezas de las personas más necesitadas”. Indico que presentan proyectos y programas nuevos para poder mejorar la pobreza y desigualdad social ya que es uno de los principales escollos que atacan hoy a la sociedad.

Ya es bastante tarde en la población Bonilla, y a lo lejos se ve a Francisco caminar hacia su casa, Pamela lo espera en la puerta junto a sus tres "estrellitas", Francisco García se viene corriendo a ver a sus hijas y las abraza, Pamela sonríe y entran en grupo a su hogar. Quizás no tengan grandes cosas en su casa, quizás no tengan mayores lujos, a veces están justos para el pan y agua, pero son una familia feliz, “yo no gano un millón de pesos, pero tengo a mi familia, a mis estrellitas y a mi Raulito y eso ningún sueldo me lo puede pagar, aunque sea un millón o 144 mil pesos” dice sonriente Francisco García Rojas.