Feria dominguera abre el primero de noviembre
Solemne consumismo
Un día de reflexión y dolor para algunos, para otros una oportunidad de ganancia
Por: Geraldine Thenoux
Un montón de rostros con respeto en sus miradas caminan con paso retardado frente al Cementerio General de Antofagasta, sin darse cuenta observan los puestos florales y tratan de escoger las adecuadas para el ser querido que no logran olvidar. Siguen su camino y encuentran, no solo vasos para las flores por un buen precio, sino que “¡sandalias para las señoritas y calcetines para la guagua!” expresión gritada por Rodrigo Jara, un vendedor ambulante que llama la atención de su femenina clientela otorgando sonrisas por doquier. Al lado, se encuentran las tías del “mote con huesillos” junto a los bandejones de chocolates y dulces que entusiasman a todos los niños del sector, los que piensan que se trata de cualquier domingo o festivo familiar. Al fin y al cabo, es en lo que se convierte.
El contraste de gente que vende por necesidad de sobrevivir aunque sea en un acto de respeto, y gente que no observa, sino que siente su dolor por encima del mundo real, existe en esta ciudad dividida en dos partes, la de los vivos y la de los muertos, visitada por los vivos que los tratan como si todavía siguiesen entre ellos.
Gente adornando sus mausoleos, nichos y tumbas de forma característica según su procedencia como es el caso de los marinos con sus anclas en los pisos, de niños con juguetes enjaulados pero llenos de colores llamativos o de algunos nichos donde cuenta la leyenda de maldiciones oscuras dadas a la familia Camus que murió de forma secuencial y sin descendencia en el año 1905. Cuál de todos más llamativo y pintoresco, que se observan como dentro de un museo desde el más allá.
Un día de reflexión y dolor para algunos y oportunidad de ganancia para otros, se transforma en un círculo vicioso entre gente que tiene diferentes razones para ir, pero se unen al final por una sola causa en general, solo que la mayoría pasa sin mirar lo que hay detrás de cada rostro. Como el caso de la señora Juanita Pereira, sentada al costado derecho de la entrada principal, con la expresión dura y un mirar perdido, cuenta que perdió al amor de su vida y aún así, debe recurrir a vender vasos para poder mantenerse.
El consumismo de un feriado solemne que más parece feria dominguera, donde los mercaderes no ven el dolor ajeno, ya que lo primordial es vender para poder sobrevivir la miseria que afecta constantemente a un sector mayoritario en la zona norte de la ciudad de Antofagasta y buscan la mejor ocasión, en este caso, un día solemne como éste, el cual es considerado por una parte importante de chilenos que aún mantienen vigentes las tradiciones católicas de antaño.
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martes, 20 de noviembre de 2007
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